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17 de junio de 1992. Dublín, Irlanda. Ese día, de ese año, en ese lugar, nació Roberto Lopes. Un pibe que uno, tranquilamente, se lo puede confundir con latino o portugués, pero no, nació en la isla.

Cuentan que de chico le gustaba el deporte de la pelota. Allá fue. Cuando creció un poco más, su físico le permitió destacarse en muchas posiciones en las inferiores, su estatura de 186 centímetros hizo que ocupara la parte defensiva de los equipos. Se consolidó como un defensor con futuro y llegó a ser citado a la Selección de Irlanda Sub19. Ese era el primer paso para su ansiado desembarco al seleccionado mayor. 

En el 2010, a sus 18 años, debutó como profesional en el Bohemians irlandés, equipo de la capital irlandesa, donde supo hacerse un camino en el fútbol y amistades. Una de ellas, quizás la más fuerte, fue y es con Ayman Ben Mohamed, inglés de nacimiento con madre irlandesa y padre tunecino.

A su amigo le llegó la posibilidad de representar a la nación de su padre en mayo del 2016. De manera sorpresiva, porque nunca se había inclinado por el seleccionado tunesino. 

El periodismo intervino en la convocatoria del joven y en el medio de la entrevista, Roberto Lopes interrumpió a su amigo frente a las cámaras y medio en chiste y medio con ilusión, avisó al micrófono que él también podía ser convocado a un combinado africano por el origen de su padre, caboverdiano de Cabo Verde. El periodista que estaba haciendo la nota al recién convocado no tardó y en un gran trabajo periodístico anotó en un papelito el dato que Lopes había tirado.

Ese mismo año, en el 2016, Lopes fichó por el Shamrock Rovers, también de la capital de  Irlanda. Club donde actualmente se encuentra jugando. Un equipo que tiene más roce internacional y último bicampeón del fútbol irlandés. En este equipo mejoró notablemente su rendimiento y, obviamente, fue parte de esos triunfos locales. Lo que le faltaba era ese llamado de la Selección Nacional de Irlanda. No llegaba y, spoiler alert, no llegó nunca.

Volvamos a los primeros años, cuando el fútbol era un sueño y no una seguridad y mucho menos un trabajo. Roberto Lopes abrió una cuenta de LinkedIn para buscar una carrera universitaria. La historia está contada, la aplicación quedó en el olvido. Hasta que un día decidió entrar a su perfil en desuso y se dio cuenta que había un mensaje que estaba hacía bastante tiempo. El que lo había enviado era un tal Rui Aguas y el mensaje estaba en portugués, al desconocer el idioma, Lopes creyó que era un Spam y desechó el texto.

Nueve meses más tarde, este tal Rui Aguas volvió a insistir. Esta vez, Lopes prestó atención y fue al indispensable Google Translate: “Hola Roberto, ¿has tenido la oportunidad de pensar en lo que te dije?«. Ese tal Rui Aguas era el entrenador de la Selección de Cabo Verde.

Roberto Lopes, en aquel 2016 no hablaba en serio sobre las chances en la selección africana, pero la suya, la de su país natal no se había percatado de él.

Exploté de felicidad. Estaba 100% emocionado, le dije que sí, obviamente”. En octubre del 2019, el zaguero hizo su debut en la Selección de Cabo Verde en un amistoso. Ahora, rumbo a sus 30 años, disputará su primera Copa África.

Al principio de su nueva travesía, la principal barrera fue el idioma, tanto es así que en 24 horas de aprendió una canción local para romper el hielo. Nada va a parar, ni paró su sueño. Jugar a internacionalmente para Cabo Verde, siendo irlandés, por interrumpir con un chiste la entrevista de su amigo inglés que terminó jugando para Túnez. Por un periodista que anotó su nombre en un papel. Por meterse a una aplicación con poco uso en su celular. Por revisar un mensaje que él creía Spam.

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